Cierra los ojos…

Sube el volumén…

Cierra los ojos…

Deja que la música te envuelva; siéntela en cada fibra de tu ser…

Nota como poco a poco tu corazón comienza a latir al mismo ritmo. Nota como se estremece con cada sonido.

Siente como la pasión comienza a hacer vibrar tu cuerpo y crea en él una necesidad de algo más… algo que se te escapa de las manos pero que quisieras tener a toda costa.

Y ahora imagínate que esa música soy yo, que me cuelo en tu sangre para llegar a tu centro mismo… Imagínate que son mis labios los que calman esa necesidad que la música ha creado, mientras mis manos se aferran a tu cabeza, por miedo a que escapes y no pueda llenarme de ti. Saciar este hambre que me mata, que me enloquece, pues nunca es suficiente y siempre es demasiado poco…

Cierra los ojos mientras mis manos bailan por tu cuerpo conteniéndose en su avaricia por arrasar tu piel, dejando regueros de fuego que tan solo puedo avivar con mis besos… Y es que este fuego no conoce de aguas, es eterno como la música misma, solo puede crecer y crecer hasta consumirme…

Todo ha desaparecido… solo quedamos la musica, tú, yo y el latido de un corazón… Elévate al cielo conmigo… déjame enseñarte lo que es el paraíso, aquel que sin ti está vacío, aquel que contigo puedo alcanzar.

Y agárrame de la mano cuando descendamos al mundo terrenal, cuando la música deje de sonar, cuando solo quedemos tú y yo, cuando tengamos que esperar a la siguiente canción…

Cierra los ojos y… siénteme.

Cierra los ojos… y mécete al compás de mi música, aquella que creo con mis caricias y besos…

Cierra los ojos e invéntame. Conviérteme en tu sueño…

Cierra los ojos…

 

(NOTA: Esta no soy yo… es la música que se ha apoderado de mi, je).

Mafia Wars!!!

Ha sucedido un “desastre” en mi vida.
Estaba yo tan tranquila y tan laboriosa cuando un amigo me envió una invitación a través del Facebook para que me uniese a su Mafia, pues necesitaba reclutar gente. Y claro, yo, tan solidaria siempre, me uní. La primera vez que entré en el juego no sucedió nada… no hubo flechazo. El problema surgió cuando este viernes pasado entré por segunda vez.
Me quedé pillada. Y ahora estoy invirtiendo un tiempo en el jueguecito del que no dispongo. Pero, claaaaaaaaro, es que soy tan competitiva. De todas formas, ya he comenzado a trabajarme la mente para desengancharme… por otra parte, no es tan difícil, pues cuando le pillo el tranquillo a algo, enseguida deja de gustarme (bueno, no todo deja de gustarme cuando le pillo el tranquillo, me refiero a los juegos).
Y es que he llegado al punto de añadir a mi lista de amigos gente que no conozco para unirlos a mi mafia (pues hay páginas donde te dicen quien está metido en el jueguecito en cuestión). Lo que yo diga ¡¡un desastre!!.
Hoy he bajado la dosis. He decidido que puedo hacerlo, que puedo desengancharme. Por otra parte, matar me está resultando cada vez más fácil… y ya ni hablemos de ganar dinero sucio (del cual el banco siempre se lleva un buen pellizco por blanquearlo).
Así que ese es uno de los motivos por los que tengo tan abandonados mis blogs. Pero os aseguro que en breve conseguiré dejar a un lado mi adicción…

Restringida…

Sí. He sido restringida. Y no aquí… no.

Resulta que la semana pasada abrí una cuenta en Flickr y subí imágenes de mis obras. En la subida de imágenes me contuve y no publiqué aquellas con las que ya he tenido problemas en otras ocasiones (y que no son nada del otro mundo, simplemente desnudos masculinos).

Bien, pues a pesar de que fuí de suave, a las pocas horas recibí una notificación por parte de Flickr conforme TODAS mis imágenes habían sido RESTRINGIDAS. Todas!!!

La imágen más fuerte que puede haber en esa galería no pasa de ser un semidesnudo, pues no se ve en su totalidad… La mayoría son imágenes de lo más inocente. Alguna puede tener cierto toque de sensualidad… pero ¡¡¿¿hasta el punto de restringirlas??!!.

Les he pedido explicaciones… pero ya puedo esperar sentada, me parece a mi.

Sinceramente, no consigo entenderlo. No habiendo publicado mis desnudos masculinos, que hoy en día no deberían ser considerados inmorales pues son simple desnudez, y que me pase esto. ¿En qué siglo vivimos?. ¿Es qué he retrocedido en el tiempo y no me he enterado?

En fin… si quereis juzgar por vosotros mismos la inmoralidad de las imágenes que subí aquí teneis el enlace:

http://www.flickr.com/photos/41234621@N03/

Campanita de Hojalata y Mundogominola…

Dos artistazas que quizá no lleguen a figurar en ninguna Enciclopedia de Historia del Arte, pero que ambas dejaron su huella artística, principalmente, gracias a Internet. Y es que hay mucho arte por el mundo, hay mucho artista y pocos de ellos llegan a ser reconocidos; Internet en ese sentido nos pone al alcance la obra de tantos y tantos que de otra forma desconoceríamos.

Y es que hoy ha sido un día triste. Buscando trabajos de artesanía, me encontré con la obra de estas dos chicas y al mismo tiempo con la noticia de su fallecimiento. Y me siento triste… sin conocerlas… pero me siento triste; triste pensando en sus familias; triste pensando en ellas, en lo que se les quedaría en el tintero…

CAMPANITA DE HOJALATA (Elisa):

Una tremenda artesana que vivía a pocos kilómetros de donde resido yo. El homenaje que se le realizó a lo largo de la red fue realmente increíble y habla mucho de ella como persona, además de artista.

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MUNDO GOMINOLA (Claudia Moyá):

Artesana y excelente ilustradora natural de Madrid… Toda una promesa que dejó tras de sí enormes recuerdos dulces.

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Cuando veo sus obras pienso que en ellas siguen vivas; que dejaron su huella tras de sí en forma de preciosos trozitos de belleza, y que gracias a Internet, tantas y tantas personas podemos disfrutar.

Este ha sido mi humilde recuerdo para dos personas que no tuve la suerte de conocer, pero que sin embargo han tocado mi alma.

Fantasía…

Le mandé un sms: “Vente… y cuando yo abra la puerta no digas nada, absolutamente nada“.

Todo estaba debidamente preparado. La habitación iluminada por la luz de las velas. La música sonando de fondo. Las sábanas rojas vistiendo mi cama a juego con la minima ropa que adornaba mi piel.

Abrí la puerta… Una sonrisa se borró de su cara cuando me contempló. Lo agarré de la mano y cerré la puerta a sus espaldas. Lo guié a través del pasillo adentrándolo en la habitación. Me dirigí a la mesilla donde había depositado los lazos anchos de raso negro. Cogí uno, me acerqué a él y sonriendo enigmáticamente, le vendé los ojos.

Poco a poco, comencé a desabrochar los botones de su camisa… despacio, saboreando la contemplación de cada milímetro de piel que iba descubriendo. La deslicé por sus hombros y la dejé caer al suelo. A continuación me deshice de sus zapatos y calcetines. Después del cinturón, los botones del pantalón, uno a uno y con lentitud, para a continuación deslizarlo por sus piernas. El slip dejaba en evidencia el efecto que todo aquello estaba teniendo en él.

Lo llevé hasta la cama, haciendo que se acostara en ella. Con otros dos lazos sujeté ambas muñecas al cabecero de la cama.

Él estaba cumpliendo con mi petición y ni una palabra había brotado de sus labios…

El slip desapareció en cuestión de segundos, los mismos que dediqué a contemplar el festín que tenía ante mis ojos. La luz de las velas creaba contrastes sobre su cuerpo desnudo, resaltando los músculos nacidos del deporte y el trabajo… y quizá también una buena genética. Sus labios estaban entreabiertos… y me moría por besarlos, pero me había propuesto ir despacio.

Primero unté mis manos con el aceite especialmente comprado para la ocasión. Comencé el masaje por los hombros, con un contacto liviano, similar a la ligereza de una pluma. Mis manos se fueron deslizando hacia su pecho mientras observaba en su piel el efecto del contacto. Sus pezones se endurecieron al instante. Yo sabía que quería más, un contacto más fuerte… pero mi intención era hacerlo desear tanto esa fuerza que cuando la tuviese las sensaciones se multiplicasen por mil. Continúe mi liviano recorrido por su abdomen y al llegar al centro mismo, mis manos se bifurcaron tomando los senderos de sus muslos, por la cara exterior… realizando el recorrido hacia sus pies para después ascender por la cara interior terminando a unos milímetros de la parte de su cuerpo que más estaba ansiando sentirlas.

Realicé el mismo masaje un par de veces más, aumentando la presión en cada una de ellas, pero dejándolo siempre anhelante.

Cogí uno de los cubitos de hielo de la cubitera y lo envolví en plástico. La primera parte de su cuerpo que notó el frío fueron sus labios, que continuaban entreabiertos. Los masajeé con el cubito lo suficiente como para que el contraste de mi lengua lamiéndolos le robase la respiración. Aquello era una pista de lo que pensaba hacer con el cubito de hielo y todo su cuerpo.

Mi siguiente objetivo, su cuello. Primero el cubito de hielo, enfriando la zona… después mi lengua, calentándola. Su respiración estaba agitada y sus muñecas parecían querer liberarse de los lazos. Se estremeció cuando notó el frío en uno de sus pezones, y se arqueó cuando recibió el asalto de mi lengua. Después el otro pezón… y poco a poco descender por su abdomen dejando regueros de frío y calor.

La sensible parte interior de sus muslos recibió con estremecimientos ambos contactos… pero esta vez no pude evitar no sólo lamer sino también morder ligeramente la zona. Un gemido entrecortado escapó de su boca y navegó a través del aire para llegar como música celestial a mis oídos.

La victoria de mi asalto a sus sentidos era evidente entre sus muslos. El cubito de hielo rozó su punta, con suavidad y en movimientos circulares. Su cuerpo comenzó a retorcerse anhelando más y con el conocimiento de lo que llegaría tras el helado contacto… Y llegó… Él sintió como aquel calor húmedo arrasaba su zona más sensible. Quería soltarse. Su cuerpo destilaba urgencia por buscar satisfacción.

Y no sólo él sentía esa urgencia. Dejé el cubito de hielo a un lado. Agarré con una de mis manos su cabello y asalté su boca. Su cabeza empujaba hacia la mía, siéndole poco el profundo contacto. Nuestras lenguas peleaban por la necesidad de alimentar aquel fuego.

Abandoné su boca para hacerme con todo su cuerpo. Mis labios, mi lengua, mis dientes, mis manos, mis uñas… No bien apretaba su pecho, como lo estaba arañando para después dejar la huella de mi necesidad. Sus gemidos no tenían descanso y su lucha con los lazos se había intensificado. Con fuerza contenida lo besé y mordí en la cadera mientras mi mano ascendía imparable por el interior de sus muslos, sujetando al final su objetivo.

Lo introduje total y repentinamente en mi boca, con ansias, y esta vez fue un grito de placer el que sonó en la habitación.

Miremos y opinemos…

Las telenovelas no son santo de mi devoción… sin embargo, y gracias a YouTube, he podido comprobar que algunas no tienen desperdicio en cuanto a “temperatura”.

Con respecto a este montaje, hecho por Nusky88, hacer alguna puntualización:

1º/ Alguna escena yo la eliminaría por no acabar de verle el punto caliente.

2º/ Me pido al del sombrero (al primero que aparece)… por lo menos de cuello hacia abajo…

3º/ ¿El tiempo del deseo, te tomo y te fuseo?… para partirse la letrita de la canción que acompaña a una de las escenas más tórridas. Jo, nunca lo he hecho bajo la lluvia… me parece que ya tengo objetivo nuevo de cara a este invierno, aunque me pille un pedazo resfriado.

4º/ Y ¿¿¿cómo demonios hace la chica de la espuma para que no se le resbale???

5º/ Con respecto al minuto 2:38 ya ni digo nada…

6º/ Lo de “dilo, dilo”… “no, no”… desde luego los guionistas se superan cada día, je.

7º/ Para rematarla… la única vez que pasé por algo parecido a lo del chico desnudo, recien salido de la ducha, me ocurrió con un vecino de 80 años y en calzoncillos. ¿¿¿Por qué no tendré vecinos así de interesantes???

8º/ Y el modelito de la chica del final… igualito, igualito, a lo que me pongo yo cuando estoy solita en casa.

Los desastres de la infidelidad…

Hace tiempo tenía yo una buena amiga la cual se aburría en su matrimonio y cayó en las zarpas de la infidelidad.

Desde mi punto de vista, no todos estamos preparados para ser infieles y mucho menos las mujeres, pues hay cierta tendencia a confundir lo que se siente.

Llegué a alucinar con lo que ella me decía o me contaba. Primero, su amante era el marido de una de sus amigas. Segundo, solían quedar los cuatro (mi amiga, su marido, su amante y su amiga) hasta el punto de celebrar Fin de Año los cuatro juntitos en amor y compañía.

Ni de coña juntaría yo a un posible marido y a un posible amante en la misma habitación… bueno… yo es que ya ni traicionaría a una amiga acostándome con su pareja. De hecho, se lo decía.

El caso es que me presentó a su amante, y poco a poco, comenzamos a convertirnos en inseparables los tres.

Yo los miraba avanzar en su relación y hacer malabarismo con sus matrimonios. A mi amiga la veía muy confundida con sus sentimientos. A su amante, y ya por aquel entonces, también mi amigo, lo miraba más decidido.

El caso es que, como suele suceder en toda infidelidad que se alargue demasiado en el tiempo, todo cayó por su propio peso. Mi amiga se vió embarcada en un divorcio que no deseaba. Mi amigo (su amante) se sintió decepcionado por la reacción de mi amiga y comenzó a desahogar conmigo su frustración…

Y no sé exactamente en qué momento me encontré siendo el centro de otro problema. De pronto, mi amigo (el amante de mi amiga), comenzó a tirarme los tejos. Al principio una piensa que tan solo son coñas, hasta que te lo dicen tan claro que no te quedan dudas.

¡¡Menudo lío!! pues por aquel entonces, los consideraba a los dos buenos amigos. Primero hablé claro con él, le dije que estaba confundido… que no estaba enamorado de mi (tal y como me estaba confesando), sino que estaba en un momento vulnerable (él) y eso lo llevaba a malinterpretar sus sentimientos.

Yo no paraba de romperme la cabeza pensando en si se lo decía a mi amiga o no, pues realmente consideraba que lo de él había sido un lapsus… Si yo decía algo, quizá su oportunidad de estar juntos se estropease y eso era lo último que yo deseaba, pues me gustaba verlos juntos.

Peeeero, todo llegó a un punto en que no me quedó más remedio que decírselo a mi amiga. Os podeis imaginar la escenita que me montó mi amiga. Y también os podeis imaginar la escenita que me montó mi amigo.

Al final, mi amiga me pidió perdón… me dijo que no quería perderme como amiga pues, después de lo sucedido, le había quedado claro que podía confiar en mi. Evidentemente, la relación entre mi amiga y mi amigo quedó rota, al igual que mi amistad con él.

El tiempo pasó, más concretamente un año. Y mi amiga echaba de menos a su ex-amante y ex-amigo mío. Se puso en contacto con él y él no le hizo caso. Entonces mi amiga me pidió que fuese yo la que hablase con él para conseguir que le diese otra oportunidad a ella. Y ya me veis llamándole, porque uno hace cosas por los amigos que en cambio no haría por si mismo. El resultado de la llamada: nefasto. Lo que él me dijo es que a mi amiga la tenía totalmente olvidada y que de quien no podía olvidarse era de mi, que después de todo ese año yo ya no podía decirle que estaba confundiendo sus sentimientos.

Así que mi amiga se quedó sin marido, sin amante… y sin amiga, pues yo ya no sabía como decirle la verdad: que no tenía posibilidades de volver con su ex-amante porque éste estaba empeñado en que estaba enamorado de mi.

La amistad (la mía con ella y con su amante) al garete. Dos matrimonios con hijos, por la borda; su historia de amor quedó en borrador… ¿no es desastrosa la infidelidad?

15 días…

Quince días. Es la primera vez que voy a estar quince días sin ver a mi hija pues le tocan las vacaciones con su padre.

El año pasado lo hicimos de semana en semana y fue llevadero. Este año ya hay una sentencia por medio que establece 15 días en julio y 15 en agosto… Y menos mal, porque si llega a ser el mes entero, uff…

Se marchó ayer y, como dice la canción, aún no se había ido y ya la echaba de menos.

Y es sábado noche, me voy de cena con los amigos… pero no me apetece nada, porque me siento triste… la echo de menos.

¿Qué es el amor?

Evidentemente, con esta pregunta no me refiero al amor de unos padres por sus hijos, al amor de un hermano por otro, al amor de un amigo… Me refiero a ese que tantas canciones ha inspirado, tanta poesía, tanta locura…

Ese amor que hoy en día, tengo la sensación, se ha perdido, quizá por vivir inmersos en una sociedad que cultiva lo superficial.

¿Por qué fracasan tantas parejas hoy en día?… ¿Por qué se está perdiendo el ideal de un amor eterno?… ¿Acaso el amor no puede estar siendo víctima de un vacío generalizado y provocado por una caída en el abismo del consumismo?… Porque hemos llegado al punto de “consumir” parejas. ¿Modelito nuevo? No, pareja nueva.

El amor… ese que surge tras la flecha de Cúpido, pasada la loca etapa del enamoramiento. Por experiencia, sé que es posible llevar muchos años con una misma persona y seguir sintiendo que es la única para ti. Sé que el deseo no muere, sino que se intensifica, pues ya no sólo afecta al cuerpo sino también al alma.  La complicidad que nace y se mantiene, dándole una dimensión extraordinaria… ¿Cómo se puede llegar a hablar de monotonía o rutina? Pues en el amor, tal no existe y cada nuevo día que puedas pasar con la persona amada lo recibes como el mayor de los regalos.

Pueden pasar los años que su sonrisa seguirá estremeciéndote el corazón… Cuando se ama de verdad, el tiempo no va en contra, sino a favor; no merma, sino que acrecienta; no apaga, sino que se vuelve una llama eterna.

Y esto lo digo basándome en mi propia experiencia y con dos divorcios tras de mi. Porque el amor implica a dos (a pesar de 1+1=1)… Ves como los sentimientos de la otra persona no evolucionan en la misma manera que los tuyos, y que mientras los tuyos solo pueden hacerse más fuertes cada día, por la otra parte no sucede igual.

De ahí mi conclusión: no todos sabemos amar, porque no todos estamos preparados para hacerlo… y mientras a unos los puede cegar la superficialidad, otros, en cambio, creemos posible que no exista la fecha de caducidad.

Y para rematarla, aquí os dejo una canción superromántica ;)

Las mujeres también tenemos gatillazos…

Sip… Totalmente cierto. Por lo menos yo.

Voy a contaros algo, pero, no se lo conteis a nadie… que quede entre nosotros.

Esto sucedió hace un tiempecillo, en un país lejano llamado Sonilandia. Ahí vivía yo una de mis etapas looooocas (os puedo asegurar que eso de hacer locuras se me da bien). Así que… en mis tiempos de Sonilandia y estando yo aburridilla, decidí dejar de aburrirme. Empezé a preguntarme por qué motivo tenían que dar los hombres siempre el primer paso. Por qué no podía ser yo la que me fijase en un determinado hombre y asediarlo hasta derribar sus posibles defensas. Así que me puse manos a la obra.

Miré a mi alrededor detenidamente por unos días hasta que encontré a la “víctima” perfecta. Era un tío muy interesante. Alto. Siempre de traje. Super serio (es que me gustan las cosas difíciles). La verdad es que consideré que no tenía muchas posibilidades de llevarme el gato al agua… quizá por eso lo hice.

Primero logré conseguir su número de teléfono móvil (mis amigas dicen que tengo talento para detective privado)… y una vez conseguido su número comenzé a mandarle sms, desde un móvil que no era el mío habitual, evidentemente. La verdad es que debía aburrirse él también, pues enseguida se metió en el juego.

Sinceramente, estaba sorprendida de lo fácil que había resultado… eso no me lo esperaba. El siguiente paso me resultaba más difícil… era el de dar la cara. Descubrir mi identidad. Porque, claro… él jugaría con ventaja (esa que siempre tenemos las mujeres), partiendo del hecho de que había sido yo la que había tomado la iniciativa. Pero, como de cobarde no tengo un pelo, me dije “de perdidos al río“… y me tiré en plancha.

Y quedamos. Con la “genial” suerte de que el chico en cuestión tenía ciertos conocimientos psicológicos a causa de su trabajo… y se le dió por emplear dichos conocimientos conmigo. Parecía ser que él se encargaba de las entrevistas de trabajo, así que sabía analizar a las personas por sus gestos, por sus palabras… Y una de sus tácticas era utilizar el silencio para poner nerviosos a los demás y que hablasen más de la cuenta. La suerte que tuve yo y no él, es que a mi los silencios no me ponen nerviosa en absoluto… con lo cual llegó el momento en que me dijo que lo tenía desconcertado pues sus tácticas psicológicas no daban resultado conmigo y le resultaba un misterio.

Lo gracioso, es que en cierta manera, yo me parecía a él, pero sin sus conocimientos psicológicos. A mi también me gusta callar y dejar que los demás hablen. Me gusta observar y analizar a la gente. Hacerme una idea de por donde van y entonces actuar en consecuencia. Ese juego de seducción para mi era como una partida de ajedrez: estudiaba la estrategia de mi contrincante para atacar en la forma más efectiva posible.

Me gustó de él que fuese poco hablador, pegaba con la imagen de serio y formal que transmitía y por la que yo me había decidido a dar el paso que habia dado… Era difícil, y eso me gustaba. Si lo hubiese visto dispuesto a saltarme a la yugular a las primeras de cambio yo habría perdido el interés. Al fin y al cabo, las partidas de ajedrez solo son interesantes si las juegan dos contrincantes con el mismo nivel.

Sin embargo y tras esa primera cita en la que nada sucedió, mi interés aumentó. Sentía curiosidad. Para él yo era un misterio y para mi lo era él.

Así que llegó la segunda cita, tras una tremebunda semana de sms.

En ella él desplegó su buen hacer invitándome a cenar en un restaurante superelegante, con un reservado solo para nosotros dos. Se sentía seguro de gustarme y se notaba que estaba disfrutando con el juego. No se cortaba un pelo en ponérmelo difícil, probablemente porque ya había adivinado que eso era precisamente lo que me gustaba de toda aquella situación.

Y mientras cenábamos yo pensaba para mi misma “¿cómo demonios voy a hacer para besarlo?”, y entonces sentía admiración por los hombres en general, que se ven siempre obligados a tomar la iniciativa… no tenía ni idea de que pudiese ser tan difícil, claro que al mismo tiempo la idea de ser yo la que diese el primer paso lo hacía todo más emocionante. Como que aquello estaba siendo todo un experimento para mi… una forma de ponerme a prueba a mi misma.

Me estoy riendo recordando lo difícil que me resultó dar el paso. La noche transcurría con una velocidad de vértigo y yo no daba encontrado el momento adecuado o el valor necesario y…, justo cuando me decido… la leche!!! no va y tuerce la cabeza!!! así que mi beso acabó en su mejilla (desastre) y con la cara de sorpresa de él pues realmente no se esperaba que yo atacase en aquel preciso momento. Jajajajajajajaja. Menudo corte!! Pero bueno, como reírme de mi misma es algo que me hace sentir bien, eso hice.

Él ya estaba alerta… y yo pensaba, “ni de coña vuelvo a intentarlo“, je. Anda que ¡¡menuda seductora estaba hecha!!… Me decía a mi misma que menos mal que era mujer, que a partir de entonces mejor que llevasen los hombres la iniciativa. Que ni de coña me volvía a meter yo en un fregao así.

Y aún por encima él parecía el gato que estaba a punto de comerse al ratón. Pues no. Eso no podía ser. Así que esta vez mi puntería fue mejor y tuve el detalle de ser yo la que por segunda vez tomase la iniciativa, al fin y al cabo aquel era mi juego… y no me iba a rendir a las primeras de cambio, ni tampoco le iba a dar a él la ventaja de sentir que dominaba la situación.

Tanta iniciativa por una noche ya me pareció más que suficiente, así que la cita llegó a su final.

Otra semanita con sms va y viene. La temperatura de dichos mensajes era cada vez más alta, así que no es de extrañar que cuando volvimos a quedar, nos fueramos directos a un motel. Desde luego, yo lo deseaba, sino no estaría allí. Y tenía que tomar la iniciativa, pues yo seguía en mis trece. Así que… comencé a hablar y hablar y hablar y hablar… hasta que él me dijo que si estaba deseando besarlo por qué no lo hacía… evidentemente ya lo había cansado con mi charla y su paciencia no daba para más, jajajajajaja.

El caso es que estábamos metidos de lleno en el tema y ¡¡zas!! tuve el gatillazo. De repente el deseo desapareció. ¿El problema? demasiada sumisión. Que una lleve la iniciativa está bien… pero que una tenga que hacerlo absolutamente todo… Allí faltaba pasión por una de las partes… Así que, ni corta ni perezosa, frené en seco y le dije que mejor nos íbamos de allí, que yo no estaba preparada y todo eso que se suele decir…

Él me llevó en su coche hasta donde yo dejara aparcado el mío. Lo peor de todo es que no era capaz de aguantar los ataques de risa que me daban. Le expliqué que claro, tanta tensión con los sms había resultado demasiada presión para mi. Lo que fuese con tal de dejar su orgullo masculino intacto.

Y así fue como un tío interesante, guapo, serio y formal quedó archivado en mi memoria como mi único gatillazo hasta el momento.

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