Sip… Totalmente cierto. Por lo menos yo.
Voy a contaros algo, pero, no se lo conteis a nadie… que quede entre nosotros.
Esto sucedió hace un tiempecillo, en un país lejano llamado Sonilandia. Ahí vivía yo una de mis etapas looooocas (os puedo asegurar que eso de hacer locuras se me da bien). Así que… en mis tiempos de Sonilandia y estando yo aburridilla, decidí dejar de aburrirme. Empezé a preguntarme por qué motivo tenían que dar los hombres siempre el primer paso. Por qué no podía ser yo la que me fijase en un determinado hombre y asediarlo hasta derribar sus posibles defensas. Así que me puse manos a la obra.
Miré a mi alrededor detenidamente por unos días hasta que encontré a la “víctima” perfecta. Era un tío muy interesante. Alto. Siempre de traje. Super serio (es que me gustan las cosas difíciles). La verdad es que consideré que no tenía muchas posibilidades de llevarme el gato al agua… quizá por eso lo hice.
Primero logré conseguir su número de teléfono móvil (mis amigas dicen que tengo talento para detective privado)… y una vez conseguido su número comenzé a mandarle sms, desde un móvil que no era el mío habitual, evidentemente. La verdad es que debía aburrirse él también, pues enseguida se metió en el juego.
Sinceramente, estaba sorprendida de lo fácil que había resultado… eso no me lo esperaba. El siguiente paso me resultaba más difícil… era el de dar la cara. Descubrir mi identidad. Porque, claro… él jugaría con ventaja (esa que siempre tenemos las mujeres), partiendo del hecho de que había sido yo la que había tomado la iniciativa. Pero, como de cobarde no tengo un pelo, me dije “de perdidos al río“… y me tiré en plancha.
Y quedamos. Con la “genial” suerte de que el chico en cuestión tenía ciertos conocimientos psicológicos a causa de su trabajo… y se le dió por emplear dichos conocimientos conmigo. Parecía ser que él se encargaba de las entrevistas de trabajo, así que sabía analizar a las personas por sus gestos, por sus palabras… Y una de sus tácticas era utilizar el silencio para poner nerviosos a los demás y que hablasen más de la cuenta. La suerte que tuve yo y no él, es que a mi los silencios no me ponen nerviosa en absoluto… con lo cual llegó el momento en que me dijo que lo tenía desconcertado pues sus tácticas psicológicas no daban resultado conmigo y le resultaba un misterio.
Lo gracioso, es que en cierta manera, yo me parecía a él, pero sin sus conocimientos psicológicos. A mi también me gusta callar y dejar que los demás hablen. Me gusta observar y analizar a la gente. Hacerme una idea de por donde van y entonces actuar en consecuencia. Ese juego de seducción para mi era como una partida de ajedrez: estudiaba la estrategia de mi contrincante para atacar en la forma más efectiva posible.
Me gustó de él que fuese poco hablador, pegaba con la imagen de serio y formal que transmitía y por la que yo me había decidido a dar el paso que habia dado… Era difícil, y eso me gustaba. Si lo hubiese visto dispuesto a saltarme a la yugular a las primeras de cambio yo habría perdido el interés. Al fin y al cabo, las partidas de ajedrez solo son interesantes si las juegan dos contrincantes con el mismo nivel.
Sin embargo y tras esa primera cita en la que nada sucedió, mi interés aumentó. Sentía curiosidad. Para él yo era un misterio y para mi lo era él.
Así que llegó la segunda cita, tras una tremebunda semana de sms.
En ella él desplegó su buen hacer invitándome a cenar en un restaurante superelegante, con un reservado solo para nosotros dos. Se sentía seguro de gustarme y se notaba que estaba disfrutando con el juego. No se cortaba un pelo en ponérmelo difícil, probablemente porque ya había adivinado que eso era precisamente lo que me gustaba de toda aquella situación.
Y mientras cenábamos yo pensaba para mi misma “¿cómo demonios voy a hacer para besarlo?”, y entonces sentía admiración por los hombres en general, que se ven siempre obligados a tomar la iniciativa… no tenía ni idea de que pudiese ser tan difícil, claro que al mismo tiempo la idea de ser yo la que diese el primer paso lo hacía todo más emocionante. Como que aquello estaba siendo todo un experimento para mi… una forma de ponerme a prueba a mi misma.
Me estoy riendo recordando lo difícil que me resultó dar el paso. La noche transcurría con una velocidad de vértigo y yo no daba encontrado el momento adecuado o el valor necesario y…, justo cuando me decido… la leche!!! no va y tuerce la cabeza!!! así que mi beso acabó en su mejilla (desastre) y con la cara de sorpresa de él pues realmente no se esperaba que yo atacase en aquel preciso momento. Jajajajajajajaja. Menudo corte!! Pero bueno, como reírme de mi misma es algo que me hace sentir bien, eso hice.
Él ya estaba alerta… y yo pensaba, “ni de coña vuelvo a intentarlo“, je. Anda que ¡¡menuda seductora estaba hecha!!… Me decía a mi misma que menos mal que era mujer, que a partir de entonces mejor que llevasen los hombres la iniciativa. Que ni de coña me volvía a meter yo en un fregao así.
Y aún por encima él parecía el gato que estaba a punto de comerse al ratón. Pues no. Eso no podía ser. Así que esta vez mi puntería fue mejor y tuve el detalle de ser yo la que por segunda vez tomase la iniciativa, al fin y al cabo aquel era mi juego… y no me iba a rendir a las primeras de cambio, ni tampoco le iba a dar a él la ventaja de sentir que dominaba la situación.
Tanta iniciativa por una noche ya me pareció más que suficiente, así que la cita llegó a su final.
Otra semanita con sms va y viene. La temperatura de dichos mensajes era cada vez más alta, así que no es de extrañar que cuando volvimos a quedar, nos fueramos directos a un motel. Desde luego, yo lo deseaba, sino no estaría allí. Y tenía que tomar la iniciativa, pues yo seguía en mis trece. Así que… comencé a hablar y hablar y hablar y hablar… hasta que él me dijo que si estaba deseando besarlo por qué no lo hacía… evidentemente ya lo había cansado con mi charla y su paciencia no daba para más, jajajajajaja.
El caso es que estábamos metidos de lleno en el tema y ¡¡zas!! tuve el gatillazo. De repente el deseo desapareció. ¿El problema? demasiada sumisión. Que una lleve la iniciativa está bien… pero que una tenga que hacerlo absolutamente todo… Allí faltaba pasión por una de las partes… Así que, ni corta ni perezosa, frené en seco y le dije que mejor nos íbamos de allí, que yo no estaba preparada y todo eso que se suele decir…
Él me llevó en su coche hasta donde yo dejara aparcado el mío. Lo peor de todo es que no era capaz de aguantar los ataques de risa que me daban. Le expliqué que claro, tanta tensión con los sms había resultado demasiada presión para mi. Lo que fuese con tal de dejar su orgullo masculino intacto.
Y así fue como un tío interesante, guapo, serio y formal quedó archivado en mi memoria como mi único gatillazo hasta el momento.