Todo sucedió el pasado miércoles, 22 del presente mes.
Deambulaba por una céntrica calle de Vigo cuando la ví. Ella estaba erguida, tentadora. No podía apartar mi vista de sus formas. Provocaba en mi unas ansias enormes de hacerla mía… para tenerla entre mis manos, acariciarla, sentir su tacto de seda.
Por eso fue inevitable que pagase por poseerla.
Ella sería un oasis en mi vida. Un momento de placer relajante, que me alejaría del estrés que me dominaba.
Nada más llegar a casa, toda mi atención era suya, en exclusiva. Deseaba que nada se interpusiese entre ella y yo, así que la fuí descubriendo poco a poco, centímetro a centímetro… quería tocarla cuanto antes, pero disfrutando cada segundo.
Era perfecta, exquisita, de tacto atercipelado, de una suavidad increíble. Sus formas se amoldaban a mis manos a la perfección, tal cual estuviesen hechas especialmente para mi. Y es que así la sentía…
Al fin mi vida estaba completa. Había encontrado a mi media naranja. Ella nunca me fallaría. Siempre estaría ahí, dispuesta. Nunca me reprocharía nada. Entendería mis cambios de humor y me ayudaría a desahogarme. Sería mi remanso de paz tras el duro día de trabajo.
Mi vida es mucho mejor desde que la tengo a ella. ¿Qué sería de mi sin mi polla anti-estrés?
No lo puedo evitar. Mi sentido del humor a veces me lleva a adquirir los objetos más extraños por algún determinado motivo. Así que me hizo mucha gracia encontrarme con una polla anti-estrés con un tacto que realmente engancha. Una vez que la toqué, inevitablemente supe que sería mía, pues tocarla era todo un placer… y el hecho de que tuviese forma de polla lo hacía todavía más sugerente…
Al fin y al cabo, no lo puedo evitar… me gusta tener algo entre mis manos.




























