Ayer fue mi turno en el Blogguercedario. Ya hacía tiempo que no publicaba nada por aquí relacionado con dicho blog. Esta vez, la frase que me tocó fue “Y esa es otra historia”… Al final, lo que surgió fue una continuación al relato de Aspective, compañero que me había dejado la frase:
Sonia miraba las palabras. Las leía. Las releía. Llevaba así algo más de una hora. Se reclinó hacia atrás en el sofa y miró hacia el techo. Contempló la lámpara de cristales rojos mientras su mente navegaba por un mar de pensamientos confusos.
Nunca había sospechado nada. Cierto era que notaba esa química que surge entre personas afínes… sin embargo, ello no la habia llevado a pensar más allá. Sino, quizá todo habría sido diferente.
Volvió la vista hacia el papel manuscrito que parecía quemar sus dedos. La letra era caligráfica, inclinada hacia la derecha, elegante y con un claro toque masculino. Pasó sus dedos por encima, con suavidad, como si así pudiese sentir lo que sentía él mientras escribía. Y no sabía como sentirse: ¿enfadada?… quizá ¿halagada?. Sonrió ligeramente, pues él siempre le provocaba sonrisas, aún en un momento como aquel.
Él confesaba ser el responsable de los hechos acaecidos últimamente en su vida y le ponía su corazón en bandeja para que hiciese con el lo que considerase oportuno. Admitía que se había dejado llevar por los celos que habían encendido su sangre a partir del momento en que sintió que podía perderla.
Sonia suspiró. Dejó el papel sobre la mesa y salió al balcón. Desde el podía contemplar el mar y eso la relajaba, le despejaba la mente y le permitía pensar con claridad. Todavía se observaba en el horizonte un ligero resplandor verdoso que recordaba que el sol seguía ahí, visible en alguna otra parte del mundo.
La verdad es que ella ya sospechaba que había “otra” en la vida de Goyo, aunque nunca hubiese imaginado que pudiese ser Montse, su querida amiga. Le costaba creerlo y aún así lo entendía. “Es por culpa de la dichosa empatía“, pensó. Ella era la culpable de que pudiese entender que Montse hubiese caído en las redes de Goyo. Al fin y al cabo, sabía por propia experiencia lo versado que estaba Goyo en las artes de la seducción… Había resultado muy difícil resistir sus avances y mantener tan solo una buena amistad… realmente buena, pues tenían mucho en común. Pero parecía que aquella amistad había sido malinterpretada y los resultados desastrosos.
Y ahora Goyo estaba en la cárcel. Montse llorando desconsolada. Aspec… Sonrió recordando aquella frase escrita por Montse: “Seguro que Aspective triunfa”. “¿Y yo?”, pensó para sí.
Regresó al interior del salón para tomar otra vez entre sus manos la carta escrita por Aspec. Volvió a leer el final: “…Y esa es otra historia que te contaré si decides marcar mi número de teléfono y darme una oportunidad”.
Decidió que lo mejor era ponerse a pintar mientras meditaba sobre qué hacer. Al fin y al cabo, todavía tenía pendiente el encargo que le habían hecho. Tenía que pintar un cuadro sobre la teoría de la relatividad.
Decir, con respecto a la frase final, que le había prometido a mi compañera Dani, a quien tengo el placer de tener a mi lado en el abecedario, dejarle tal frase…


