Entre mis alumnas se cuentan unas cuantas adolescentes que no dejan de sorprenderme y “asustarme” con sus comentarios con respecto a su vida sexual. Y esto me hace preguntarme si no me estaré quedando obsoleta…
El otro día una niña de trece años le preguntaba a su amiga de 13 años si ya se había acostado con su novio, y claro, con lo impulsiva que soy se me escapó un ¡¡¡quéeeeee!!!. Me las quedé mirando de hito en hito, y ellas me miraban a mi… Y me puse a hablar con las dos, tal cual si fuesen mis hijas, aconsejándolas que no corriesen tanto, que no tuviesen prisa por tener una experiencia que debía ser especial y que por ser especial, precisamente había que esperar un momento adecuado, una persona adecuada, y una “maduración” adecuada de uno mismo para sentirse seguro al respecto y no hacer algo impulsivo de lo que después arrepentirse.
Yo solo les enseño dibujo y pintura y no debería meterme en cosas que no me conciernen. Sin embargo, ellas confían en mi y suelen contarme cosas que no les cuentan a sus padres, por ese motivo me siento responsable de darles el mejor consejo posible. Muchas veces se parten de risa conmigo al ver la cara de susto que pongo al oír cosas que han hecho y que desde luego yo, en su momento, me lo pensé mucho más antes de hacerlas.
Oírlas hablar a ellas me hace pensar en mi hija de 11 años y siento pánico. Tengo la sensación de que los adolescentes de hoy en día viven demasiado pronto experiencias por las que vale la pena esperar… Sé que en mis tiempos (qué vieja soy!!) había alguna excepción pero en general, el que más y el que menos, con trece años na de na. Y ahora, hoy en día, con trece años ya se preguntan si se han acostado con su novio… dónde iremos a parar? me estoy quedando obsoleta?
