Y esa es otra historia…

Ayer fue mi turno en el Blogguercedario. Ya hacía tiempo que no publicaba nada por aquí relacionado con dicho blog. Esta vez, la frase que me tocó fue “Y esa es otra historia”… Al final, lo que surgió fue una continuación al relato de Aspective, compañero que me había dejado la frase:

 

Sonia miraba las palabras. Las leía. Las releía. Llevaba así algo más de una hora. Se reclinó hacia atrás en el sofa y miró hacia el techo. Contempló la lámpara de cristales rojos mientras su mente navegaba por un mar de pensamientos confusos.

Nunca había sospechado nada. Cierto era que notaba esa química que surge entre personas afínes… sin embargo, ello no la habia llevado a pensar más allá. Sino, quizá todo habría sido diferente.

Volvió la vista hacia el papel manuscrito que parecía quemar sus dedos. La letra era caligráfica, inclinada hacia la derecha, elegante y con un claro toque masculino. Pasó sus dedos por encima, con suavidad, como si así pudiese sentir lo que sentía él mientras escribía. Y no sabía como sentirse: ¿enfadada?… quizá ¿halagada?. Sonrió ligeramente, pues él siempre le provocaba sonrisas, aún en un momento como aquel.

Él confesaba ser el responsable de los hechos acaecidos últimamente en su vida y le ponía su corazón en bandeja para que hiciese con el lo que considerase oportuno. Admitía que se había dejado llevar por los celos que habían encendido su sangre a partir del momento en que sintió que podía perderla.

Sonia suspiró. Dejó el papel sobre la mesa y salió al balcón. Desde el podía contemplar el mar y eso la relajaba, le despejaba la mente y le permitía pensar con claridad. Todavía se observaba en el horizonte un ligero resplandor verdoso que recordaba que el sol seguía ahí, visible en alguna otra parte del mundo.

La verdad es que ella ya sospechaba que había “otra” en la vida de Goyo, aunque nunca hubiese imaginado que pudiese ser Montse, su querida amiga. Le costaba creerlo y aún así lo entendía. “Es por culpa de la dichosa empatía“, pensó. Ella era la culpable de que pudiese entender que Montse hubiese caído en las redes de Goyo. Al fin y al cabo, sabía por propia experiencia lo versado que estaba Goyo en las artes de la seducción… Había resultado muy difícil resistir sus avances y mantener tan solo una buena amistad… realmente buena, pues tenían mucho en común. Pero parecía que aquella amistad había sido malinterpretada y los resultados desastrosos.

Y ahora Goyo estaba en la cárcel. Montse llorando desconsolada. Aspec… Sonrió recordando aquella frase escrita por Montse: “Seguro que Aspective triunfa”. “¿Y yo?”, pensó para sí.

Regresó al interior del salón para tomar otra vez entre sus manos la carta escrita por Aspec. Volvió a leer el final: “…Y esa es otra historia que te contaré si decides marcar mi número de teléfono y darme una oportunidad”.

Decidió que lo mejor era ponerse a pintar mientras meditaba sobre qué hacer. Al fin y al cabo, todavía tenía pendiente el encargo que le habían hecho. Tenía que pintar un cuadro sobre la teoría de la relatividad.

 

Decir, con respecto a la frase final, que le había prometido a mi compañera Dani, a quien tengo el placer de tener a mi lado en el abecedario,  dejarle tal frase…

Follas menos que un casado

Mi turno en el BLOGGERCEDARIO. La frase que me tocó: “Follas menos que un casado”follasmenos

-¿O es que no has oído el refrán “follas menos que un casado“?.

Aspec medio escuchaba la conversación de sus compañeros de oficina mientras su mente divagaba. Era lunes y estaban tomando el primer café de la mañana al lado de la maquina de los cafés. Todo un ritual de cada día. Se había pasado el fin de semana deseando que llegase el lunes. Como para no desearlo tras la extraña situación vivida el viernes…

-¿Quién folla menos que un casado? -el que hablaba ahora era Sito, que acababa de entrar. El gran jefe.

Aspec miró hacia él, distraído. De todos era sabido que aunque en la oficina mantenían las apariencias, todos los viernes se iban de juerga juntos.

-¿Qué pasa aquí? Ni que me tuviesen miedo… -todos habían abandonado el café tras la entrada de Sito.

-Tío, es que los lunes entras con una cara que cualquiera se atreve a hablarte. Además, ya sabes lo que dicen, coge fama y échate a dormir…

-Oye ¿y a ti qué te pasa?… porque hablas de mi pero no es que tú tengas muy buena cara… ¿Y se puede saber por qué no te viniste el viernes noche?.

Aspec se lo quedó mirando. Como para explicarle porque no había ido. Como para decirle que lo habían encadenado. Vamos… que ni de coña. No quería tener bromas para el resto de su vida.

Precisamente en ese momento, la que se acercaba a la máquina del café era Montse. Había esperado tanto ese momento… El momento de verla delante. ¿Cómo era posible que aquella mujer, de apariencia dulce, hubiese cometido la locura de encadenarlo? ¿Cómo era posible que no se hubiese fijado antes en ella?

*  *  *

Había rezado porque el lunes no llegara nunca, pero ya era lunes, ya estaba en la oficina y tarde o temprano tendría que enfrentarse con él. Con encontrárselo delante. Necesitaba un café con urgencia. Apenas había dormido en todo el fin de semana… el breve fin de semana que se había pasado deseando no haberlo hecho. No haberlo encadenado.

Abrió la puerta de la pequeña habitación que se usaba a un tiempo como archivo y como “sala de cafés”. Ojalá estuviera Sonvak por allí, tenía la cualidad de hacer que se olvidara de los problemas mientras charlaba con ella. Pero al primero que vió fue a Sito, “el gran jefe” como solían llamarlo. Ella sabía que lo de Sito era pura fama, y que en realidad aquella cara de “lunes por la mañana” escondía a un amante de las juergas y la vida nocturna con un tremendo sentido del humor. Ese no fue el problema. El problema era el personaje que estaba a su lado. Esa persona que menos deseaba ver aquel lunes, ni ningún otro día de allí en adelante. ¿Por qué tenía que verse tan atractivo comenzando la semana?. Sintió como le ardía la cara cuando él fijó sus ojos en ella. Aquella mirada decía más de lo que ella quería saber y, sin haber saludado tan siquiera, dió media vuelta y escapó del enfrentamiento que veía venírsele encima.

*  *  *

-¿Se puede saber que le pasa a Montse hoy?. Está de lo más rara. Antes la saludé y ni me contestó -Sito contemplaba a Aspec, quizá esperando que éste le diese una respuesta a su pregunta.

Pero Aspec ni tan siquiera lo miró cuando cerró la puerta a sus espaldas. Iba tras Montse. Tenía claro que huía de él. Pero también tenía claro que él no se lo iba a poner fácil. La agarró con suavidad del brazo.

-Espera, tengo que hablar contigo.

-Creo que tú y yo no tenemos nada de que hablar. -la mirada de ella le recordaba la amenaza que le había hecho justo antes de abandonarlo en aquella habitación, encadenado, desnudo.

-Oh, nenita, yo creo que sí, que tú y yo tenemos mucho de lo que hablar. -no sabía por qué la había llamado nenita, quizá porque tenía ganas de provocarla, quizá porque sentía ganas de que ella sacara a relucir aquella pasión de la que había hecho gala el viernes.

-¿Nenita? -la voz de Montse se había alzado, llamando la atención de sus compañeros- ¿Nenita? -el fuego relucía en sus ojos e intentó librarse de su brazo para irse. Sin embargo él se lo impidió sujetándola más fuerte.

-Suéltame ahora mismo si no quieres provocar una escena -esta vez el tono era bajo, pero claramente enfadado.

-No creo que una pequeña mariposa como tú tenga valor de provocar una escena -aquella frase era del puro estilo Aspec.

Fue una fracción de segundo la que atrapó sus miradas. El sonido de la bofetada resonó en el silencio que se había apropiado de la oficina. Y no se sabía quien estaba más sorprendido… si Montse por haberle dado la bofetada, si Aspec por haberla recibido, o si cualquiera de los compañeros que estaban mirando con la boca abierta.

-¿Se puede saber que demonios está pasando aquí? -Sito había sido el primero en salir de su asombro. Acababa de salir de la “sala de los cafés” y lo primero que ven sus ojos es como su amigo de juergas recibe una fenomenal bofetada. La verdad es que quien conociese un poco a Aspec, no dudaría en que seguramente se la merecía. Por otra parte era realmente raro ver a Montse, siempre tan eficiente y controlada, hacer gala de semejante genio.

Aspec sentía que esa era la gota que colmaba el vaso. Aquella pequeña mujercita estaba pidiendo a gritos que le diesen una lección y, desde luego, él no iba a hacer oídos sordos a tal petición.

*  *  *

Pero, ¡¡¿cómo se había atrevido a llamarla “nenita”?!!, ¡¡¿cómo podía ser tan prepotente, tan arrogante?!!, ¡¡¿cómo podía sacarla de sus casillas tan fácil?!!… ¿Es qué ese hombre nunca aprendería?… ¡¡Y aún por encima delante de toda la oficina!!…

Nunca había dado una bofetada antes. Y la verdad es que después de habérsela dado se quedó horrorizada ante lo que había hecho. Se quedó sorprendida. Él también,… lo notó en su mirada. Notó primero su sorpresa y después algo cambió en sus ojos, algo que la alarmó y aún así no tuvo tiempo de reaccionar. Fue demasiado rápido. En un visto y no visto, una mano la sujetaba por la nuca y sus labios eran asaltados de forma arrasadora; los labios de él se apretaron contra los de ella con fuerza como queriendo marcarla… Un beso que apenas duró un segundo pero que destilaba un fuego que amenazaba con quemarlos a los dos.

*  *  *

¡¡Dios!! ¡¡¿cómo era posible que aquella mujer lo sacase de sus casillas tan fácilmente?!! Lo peor de todo es que solo podía pensar en poseerla. Aspec dió media vuelta furioso, no sabía si con ella o consigo mismo, y se alejó descargando su enfado en cada uno de los pasos que daba. Si había algo que tenía claro es que aquello no iba a quedar así… Aunque la próxima vez haría lo posible porque no hubiese público delante.

*  *  *

-¿Se puede saber a qué esperais? -la voz de Sito tomó el mando de la situación, llamándo la atención de todos los que habían contemplado la escena- ¿es qué no teneis suficiente trabajo? ¡¡Quiero el próximo artículo del bloggercedario en mi mesa ya!!.

Que el coño sea desconocido…

Otra vuelta de el BLOGGUERCEDARIO… y ya veis que frasecita me dejó mi querido compañero Aspective… “que el coño sea desconocido“… parece ser que quiere venganza por las frasecitas que yo le dejaba a él… je, pobrecito. Y mi querídisima Montse, que casi me casa con él en uno de sus post… Así que el resultado fue lo que sigue a continuación:

Una frase. Una, aparentemente, “simple” frase que él había pronunciado al igual que si estuviese comentando el tiempo. De su boca partieron las palabras “que el coño sea desconocido” hasta llegar a los oídos de Montse (Montse-rratita).

Montse no recordaba ya en que momento se había enamorado de Aspec (Aspective). Había sido algo inevitable, al igual que el quedarse embarazada por usar preservativos que ya habían perdido su vigencia. Intentaba una y otra vez enviar los mensajes corporales adecuados para que Aspec tomase algún tipo de iniciativa al respecto, sin embargo parecían no haber dado resultado. Hasta que, sin pretenderlo, lo oyó conversar con sus amigos y decir “que no había nada más motivador que el hecho de que el coño fuese desconocido“. ¿Así era cómo pensaba él?. ¿Ese era el tipo de hombre del que se había enamorado?. Algo comenzó a hervir dentro de ella, quizá aquel genio tan vivo que la había metido en problemas más de una vez. Y su cabeza comenzó a funcionar.

*  *  *

En la habitación la luz brillaba por su casi ausencia, así como los muebles. Un hombre estaba sujeto por unas cadenas, que lo mantenían erguido a pesar de su inconsciencia. Su rostro caía hacía el pecho desnudo y su piel brillaba por el sudor. Su respiración parecía normal. Sus brazos estirados al límite, soportando el peso del cuerpo. Una mujer lo contemplaba, sentada en una tosca silla.

*  *  *

Montse, sentada en una silla, esperaba que su presa se despertase de aquella inconsciencia provocada y, mientras, disfrutaba de la contemplación de su cuerpo. Había hecho que lo desnudasen antes de sujetarlo con las cadenas y, si siempre le había parecido muy atractivo, la realidad era que desnudo todavía se lo parecía más.

Observaba su cuerpo una y otra vez, con detalle, y parándose contínuamente en el centro del mismo, dónde, como solían decir las novelas románticas, descansaba su virilidad, relajada, vulnerable… apetecible.

Realmente era lo que le apetecía, más que castigarlo, acariciarlo.

*  *  *

El dolor en los brazos comenzaba a despertar a Aspec de su inconsciencia. El dolor y la incomodidad. Notaba algo raro, algo fuera de lo normal. Se sentía aturdido y dolorido. Poco a poco abrió los ojos, a los que poca luz llegaron. Levantó el rostro y lo primero que alcanzó a ver fue a Montse, sentada en aquella rara silla, que lo miraba fijamente. Miró hacia los lados. Intentó mirar hacia arriba para ver qué lo mantenía sujeto. Y su mirada regresó a Montse. Estaba claro que ella era la causante de que aquel dolor martirizase sus brazos.

-¿Se puede saber qué demonios está pasando aquí?- su voz sonaba ronca y el tono que había utilizado era bajo sin dejar de ser amenazante o quizá por ello siéndolo más.

Montse pensaba en qué decir. Era curioso, pero aún siendo él el que estaba sujeto, sentía que era ella la que estaba en desventaja. De repente, la idea que había tenido no le pareció tan buena. Y lo peor de todo era que si lo soltaba aquello tendría sus consecuencias, evidentemente. Estaba segura de que no la denunciaría, pues ningún hombre se sentía inclinado a admitir ante sí mismo y menos antes los demás que una mujer había conseguido someterlo. Y desde luego, mucho menos Aspec, tan dado a presumir de su hombría.

Con todo el control que pudo, Montse comenzó a hablar:

-El otro día te oí hablar con tus compañeros. Te oí decir sin más “que lo que más te motivaba era que el coño fuese desconocido“. ¿A cuántas mujeres has utilizado para satisfacer tus preferencias por lo “desconocido“? ¿A cuántas mujeres les has pisoteado sus sentimientos?… Pero… ¿sabes?, lo peor de todo es que tenía pensado hacer eso contigo, utilizarte, sin embargo he llegado a la conclusión de que sería darte aquello que te gusta: otro coño desconocido. Así que haré que te suelten y te dejaré marchar… sin embargo no lo dudes, si tomas cualquier tipo de represalia al respecto, volverás a colgar de estas cadenas… y esa vez…- lo miró fijamente a los ojos, a escasa distancia de su rostro-… no tendré piedad.

Aspec no tuvo tiempo de contestar, ni tan siquiera de digerir todo lo que ella había dicho, pues Montse ya estaba desapareciendo tras la puerta. Sólo sabía una cosa… la excitación recorría sus venas pidiéndole que hiciese a aquella hembra suya.

A las cosas por su nombre…

El Blogguercedario:

Eso es lo que le decía mi mamá a mi papá, “a las cosas por su nombre“. Yo al principio no entendía que quería decir, y quizá sigo sin entenderlo. Pero, tengo un problema y no sé como contárselo a mamá, porque no sé que nombre darle a lo que me pasa.

Ocurre todas las noches, y me da miedo hasta el punto de retrasar el momento de acostarme, lo cual me vale alguna que otra riña.

Y yo me acuesto, asustado, con mi pequeña linterna en la mano. Después de que mamá me de el beso de buenas noches, rapidamente los meto a todos debajo de mi cama… pero no sirve de nada.

Ellos persiguen mis pesadillas y dominan mis noches. Yo intento no quedarme dormido, manteniendo la linterna encendida y vigilando la oscuridad, comprobando cada tres por dos que sigan debajo de la cama… pero tarde o temprano, el sueño me vence.

No sé como lo hacen. Se supone que es imposible que lo hagan, por eso no sé como contarlo. Mamá va a pensar que miento. Todos van a pensar que miento… solo papá me creería, pero él ya no está. Ellos se lo llevaron porque él sabía la verdad. Él me ayudaba a esconderlos y se quedaba vigilando conmigo y aunque papá pensaba que yo no me daba cuenta, yo sabía que él también tenía miedo.

¿Qué puedo hacer?… He comenzado a escribir este diario, por si algún día me pasa algo. Creo que ese día no tardará en llegar pues noto que empiezan a cansarse de jugar conmigo. Pronto me sustituirán.

¿Cómo puedo encontrar el valor para decírselo a mamá? ¿Cómo se lo digo?. Quizá sea tan simple como abrir la boca y pronunciar las palabras: “Por la noche, mis ositos de peluche me atacan.”

Para ti, Carlos…

El Blogguercedario:

Hacía eso, vivir, disfrutar en la medida de lo posible, pelearse con el día a día, tener su vida llena de amigos y formar parte de una familia muy unida, una familia que se vió rota aquel fatídico miércoles, 21 de abril del 2004.

Había llegado ya al trabajo, un trabajo en el que había comenzado hacía apenas tres días, pero por alguna causa misteriosa, cogió el coche y enfiló hacia Porriño otra vez. Y el destino se lo llevó… parece ser que perdió el conocimiento mientras conducía y su coche se metió bajo un camión que circulaba en dirección contraria.

Recuerdo ese día con todo detalle, incluso las horas anteriores a que me dieran el golpe más duro de mi vida. Mi hermano Claudi llamó al que por aquel entonces era mi pareja… me dijeron que Carlos había tenido un accidente y que estaba muy grave. Sin embargo al momento comencé a llorar… sabía que Carlos había muerto, deseaba con toda el alma que no fuese así, pero lo sabía.

Cuando llegué a casa de mis padres, estaba solo mi padre… mi madre había ido a casa de su hermana de visita. Yo no sabía que decir, no sabía si mi padre ya lo sabía. Al poco llegó mi hermana Patri… tampoco parecía saber el alcance de la tragedia. Yo lo tenía claro, pues sino todos estaríamos esperando en la sala de algún hospital. Y por dentro, no dejaba de rogar que aquello fuese una pesadilla, no dejaba de esperar que en cualquier momento Carlos apareciese por la puerta.

Cuando llegó a casa mi hermano Claudi con mi madre, la magnitud del dolor de ella me impuso cierta calma a mi para intentar ayudarla en la medida de lo posible. Su hijo, su adorado hijo, mi adorado hermano, ese hijo con el que más unida estaba en aquel momento de la vida… se había ido, con apenas 31 años recien cumplidos.

El accidente salió publicado en el periódico al día siguiente, con fotografía incluida. Nunca he visto ese artículo, nunca he querido verlo. Oía a la gente hablar de la fotografía en el velatorio, de como había quedado el coche… y yo pensaba “no se dan cuenta de que no necesito detalles”… “no se dan cuenta de que el dolor ya es demasiado como para que me den pormenores”…

Mi hermano Carlos fue incinerado y se me quedó clavada en el alma la imagen de mi madre abrazada a la urna que guarda sus cenizas, caminando hacia el coche al igual que muñeca rota por la desesperación.

Al día siguiente aparecía en el periódico una esquela dedicada a Carlos por parte de la enorme cantidad de amigos que tenía… pues así de especial era él. Iba por la vida dejando huella.

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Recuerdo que desde ya muy pequeñito traía a las niñas, y no tan niñas, loquitas por él. Y no era solo por su físico, era también por su especial forma de ser. Presumía de mi, su hermana mayor, ante sus amigos y esa admiración era el mejor de los regalos. Yo también presumía de él. Somos, pues no puedo decir éramos, cinco hermanos que formaban una piña, siempre bien avenidos, siempre defendiéndonos unos a otros, siempre muy unidos… la familia ideal.

Han pasado cuatro años y medio desde que él ya no está. Este febrero cumpliría 36 años. Todavía me siento enfadada y con ganas de gritar de dolor… a veces es pura desesperación la que siento. A veces sueño con él, maravillosos sueños en los que puedo abrazarlo, en los que puedo decirle lo mucho que lo quiero, en los que es como si él volviese a vivir.

Todos los días está en mi pensamiento, en mi corazón, guardado como el mayor de los tesoros, viviendo sin vivir. Todos los días se los dedico, pues no podría ser de otra manera.

Y este post es para ti Carlos, donde quiera que estés, pero siempre conmigo sino en presencia sí con toda mi alma. TE QUIERO, HERMANITO!!!.

Estoy deseando hacer el amor con él (II)

La frase que me tocó en esta ronda del Blogguercedario: “Que poco dura la felicidad”…

Que poco dura la felicidad…” pensé, mientras contemplaba a aquel tipo tan guapo, tendido desnudo a mi lado.

Habíamos quedado tras una llamada por mi parte, consultando sobre sus servicios…

Recuerdo la sorpresa cuando lo vi en la cafetería…  No esperaba que fuese tan tremendamente atractivo… De hecho yo iba convencida de que aquella especie de cita iba a ser un fracaso, y no me esperaba que sucediese precisamente lo contrario. Él había llevado la conversación de tal manera que me hizo sentir totalmente cómoda a su lado… flipada y cómoda. Y dándole vueltas a la cabeza, claro. Yo lo miraba, lo requetemiraba, observaba sus ojos, sus labios, su sonrisa, como gesticulaba con sus manos, y no podía más que sentirme atraída.

Y entonces soltó la pregunta:

-Bueno, llevamos aquí unas tres horas charlando, ¿qué hacemos? -me miraba fijamente, esperando mi respuesta. Pero ¿qué demonios iba a responder yo?… jolines… ¿es qué no podía ponérmelo él un poquito más fácil?.

Justo en ese momento sentí que me estaba poniendo colorada. Oh, Dios, y si lo piensas, que te estás poniendo colorada, pues aún te pones más… lo cual redunda en una vergüenza todavía mayor. ¡¡Porras!! ¿por qué no podía ser yo una mujer de mundo?.

-Eh?… no respondes… ¿te ha comido la lengua el gatito? -la sonrisa en su cara era maliciosa… ¡¡claro!! estaría todo lleno de razón porque yo estaba colorada!!…

-Pues no sé que podemos hacer… -y esa era mi perdida voz que parecía haber encontrado el camino de retorno a mi garganta.

-¿Nos vamos al motel? -lo soltó así, tan de golpe que me atraganté con mi propia saliva. ¿Al motel? ¿directamente? ¿sin más?… joer!!!. Bueno, claro, era un prostituto… ¿qué pretendía yo? ¿qué me cortejase antes de hacer el intercambio comercial?. Venga, chica, échale cataplines.

-Vale -genial!! la voz no me había fallado, aunque seguro que lo que me iban a fallar eran las piernas cuando me levantase de la silla para marchar.

-¿En mi coche o en el tuyo?

* * *

La puerta del garaje del motel se estaba cerrando tras el coche. ¡¡Ay, Dios!!. Subimos las escaleras y entramos en la habitación, bastante normalita, que había que ahorrar en la transacción.

Él me sirvió una copa de champán y se encargó del hilo musical… y de la luz, que se podía graduar en intensidad. El chico, muy sabio y versado en el tema, enseguida creo un ambiente propicio para el tema en cuestión.

Se acercaba hacia mi, y ni me dí cuenta de que yo estaba retrocediendo hasta que mi espalda dió contra la pared, lo cual me sobresaltó.

-Relájate, no estés nerviosa -su voz era casi un susurro, mientras su mano me acariciaba el pelo- mírame.

Caray!! pues sí que saben mirar los gigolós… Un dedo suyo estaba rozando ahora mis labios, con mucha suavidad. Me resultaba imposible mantener su mirada, y, sin querer, bajé la vista a sus labios, lo cual él debió interpretar como una invitación a que me besara. Bueno, a lo mejor es que los gigolós saben algo de psicología femenina o del lenguaje del cuerpo, yo que sé. El caso es que me besó.

Este chico era una caja de sorpresas. Su beso era tan dulce como si en realidad fuésemos una pareja de enamorados… ¿o sería que yo no le ponía lo suficiente como para que me besase con pasión?. Estaba succionando mis labios, mordisqueándolos… y entonces sentí su lengua en mi boca y apretó el acelerador.

Sentí su “cuerpo duro” apretado contra el mío, y de repente fuí consciente de que todavía sujetaba la copa de champán en mi mano… aunque también fuí consciente de otra cosa… una que se movía serpenteante bajo mi camisa: su mano. Esa mano hacía que sintiese un vacío en el estómago, tan ligera era su caricia, hacía que sintiese débiles las piernas y un escalofrío me recorrió todo el cuerpo.

De repente, debió parecerle que había demasiada ropa por medio, que comenzó a desabrocharme la camisa, aunque sus labios seguían ahora por mi cuello, enviando regueros de placer. Y por arte de magia mis manos (dejé caer la dichosa copa de champán) se pusieron en acción comenzando también a desabrochar su camisa.

Oh, Dios existe, y es misericordioso!!… Aquel vello que él tenía en el pecho me parecía el mayor de los afrodisíacos… ¡¡Vírgen Santa!! pero que placer tocarlo, que placer sentirlo, me daban ganas de frotar mi cara contra él, al igual que un gatito contra el pantalón de su dueño… Hablando de pantalones, me di cuenta de que mi mano reposaba en la cinturilla del suyo. No podía respirar…

-Espera, espera, para -y milagrosamente se detuvo.

-¿Qué ocurre? -sus ojos estaban nublados por el deseo, y su voz alterada a causa de la respiración entrecortada. Apoyó una mano en la pared a mi espalda y con la otra recorría mi barbilla, mirándome. Esa mano bajó por mi cuello, al igual que su mirada, siguiendo el camino que mi camisa ya desabrochada dejaba al descubierto.

Y esta vez fuí yo la que le agarré la cabeza a él para besarlo. Caray!! no podía tenerse un pastel así al alcance de una y no devorarlo. A la porra la vergüenza, los prejuicios, la moralidad… Probablemente no volvería a verlo nunca más, así que mejor nada de hablar y ponerse a la acción.

La ropa se la quité al igual que si estuviese quitando el papel de un regalo… y yo no era paciente haciendo tal cosa… o sea que, la ropa voló por los aires y me quedé contemplando su desnudez… Bueno, no es que me quedase mucho contemplando, no iba a poner el modo pausa en ese momento de la película… Pues entre mis manos tenía el pene más precioso que había visto en mi vida.

Estoy deseando hacer el amor…

BLOGUERCEDARIO: Mi turno… la frase que me tocó fue “Hasta que el destino nos alcance“.

Hasta que el destino nos alcance, lo que nos queda es disfrutar, y yo llevaba muuuuuchos años sin “disfrutar”… pero muchos, muchos, a pan y agua. Así que en un arranque de locura decidí contratar a un prostituto.

Me pillé el periódico y me fuí a la sección de contactos. Me quedé sorprendida de la cantidad de ellos que venían, así que hice una lista y decidí llamar al primero de ellos.

-Diga?

-Hola -¿qué demonios digo ahora?, pensé, y me quedé en silencio.

-Quién es?

-Yo llamaba por el anuncio del periódico, deseaba saber como funciona el tema…

-¿Cómo funciona el tema?, ¿Qué tema?

-Pues como hay que hacer para contratar tus servicios, cuanto cobras por ellos, y como se haría en caso de hacerse… o sea, dónde quedaríamos? por ejemplo… y claro, me imagino que simplemente por quedar no habrá que pagar, porque siempre está la posibilidad de que no me gustes y al final decida no usar tus servicios. Por otra parte, y antes de nada, deseaba saber un par de cosas, ¿cuánto mides? y ¿tienes pelo en el pecho?… -dos detalles muy importantes que debía cumplir el prostituto, soy alta y no queria encontrarme con uno bajito, por otra parte, y ya que pagaba por el capricho, quería asegurarme de que el lote llevaba aquello que más me ponía.

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-¿Pelo en el pecho? no, no tengo, estoy depilado, y mido 1′75cm. El precio serían 60€ por tres horas y normalmente quedo directamente en el motel.

-¿En el motel?… bueno, el caso es que no tienes pelo en el pecho, y eso es vital. Gracias por tu atención. Hasta luego.

Bueno, el primero de la lista tachado. Vamos a por el segundo…

-¿Hola?

-Hola -esta vez parecía que ya me costaba menos arrancar la conversación- llamaba por el anuncio del periódico, deseaba saber tu estatura, si tienes pelo en el pecho, cuanto cobras y como quedaríamos -ale!! lo solté todo de carrerilla…

-Bueno, para quedar tiene que ser entre semana, ya que no me dedico a esto todo el tiempo, mido 1′80cm. y ¿por qué preguntas lo de los pelos en el pecho? -su voz sonaba divertida.

-Es que es un requisito indispensable, busco alguien con pelos en el pecho…

-Ah!! bueno, yo tengo, aunque no demasiados…

-Me podrías describir exactamente como los tienes? -o sea, yo quería saber si eran cuatro jugando al tute, o teníamos un sendero que nos guiaba hasta el tesoro.

-Pues son algo rizados y de color negro, pues soy moreno -un punto a su favor, que fuese moreno.

-No me refiero a eso, me refiero a como están repartidos por el pecho…

-Ah!! van de pezón a pezón y me bajan algunos por el abdomen -y le dió la risa- mira, si quieres quedamos, sin compromiso alguno, nos tomamos un café, charlamos un poco y vas decidiendo sobre la marcha.

-Bueno, queda un detalle importante, ¿cuánto me cobrarías si decido contratarte? ¿y por cuánto tiempo?

-Me conformo con que paguemos el motel a medias y me tendrías para ti el tiempo que quisieras.

-¿No cobras? ¿haces esto por amor al arte? -yo estaba flipando y pensando que el tío no debía estar muy bien físicamente cuando regalaba sus servicios.

-La verdad es que sí cobro, pero nunca me habían hecho una llamada tan graciosa como la tuya y me apetece conocerte -precisamente en ese momento, me dí cuenta de lo sensual que sonaba su voz.

-Bueno, es que es la primera vez que hago esto, y claro, quiero asegurarme bien de todo antes de quedar…

Y quedé… Me decía a mi misma que estaba loca, y al mismo tiempo me tranquilizaba diciéndome que siempre podia echarme atrás. Habíamos quedado en una cafetería escogida por mi, evidentemente una a la que yo nunca solía ir, y (que tópico) él había quedado en tener una flor en la mano. Por eso cuando mi mirada se fijó en la flor, me quedé perpleja. Ese chico no era para nada lo que yo esperaba. Me acerqué y él se puso en pie, sonriendo. Era alto, no había mentido. Era moreno, tampoco había mentido. Tenía unos ojos azules que parecían el reflejo del mismísimo cielo… Y sus labios, vaya… eran perfectos!!… Creo que mi rostro era un reflejo total de mi asombro. ¿¿¿¿¿¿Y ese chico no me iba a cobrar???????? joer!!!!… Estoy deseando hacer el amor con él.

La vida es lo que hacemos con ella…

El Blogguercedario, un experimento en la red… y otra vez mi turno:

Mientras contemplaba aquel horizonte rojo, recordaba esas palabras que mi abuelo pronunciaba con tristeza, “la vida es lo que hacemos con ella”, y las decía mirando al espacio con nostalgia, añorando los paisajes de su vieja y destruída Tierra…

Yo sólo conocía el planeta Tierra por fotografías y vídeos, por las historias que me contaba mi abuelo, por las visitas al museo, donde gracias a la realidad virtual, podías fingir que caminabas por uno de esos verdes prados que él tanto añoraba… Costaba creer que aquel maravilloso planeta hubiese existido, y todavía costaba más creer que el ser humano hubiese sido capaz de destruirlo.

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A mi alrededor todo era árido, desértico… roca rojiza, arena rojiza que se escurría de entre mis dedos mientras yo intentaba imaginarme que se sentiría al acariciar un flor, que se sentiría cuando la brisa marina rozaba tu cara… o paseando bajo la lluvia. Tantas y tantas maravillas de las que mi abuelo me hablaba.

Siempre me escapaba a aquel rincón de Marte cuando echaba de menos a mi abuelo, o cuando me sentía desmotivado. Suspiré… un suspiro metálico a causa del convertidor que insertaban en nuestra garganta nada más nacer, un convertidor que hacía posible que pudiesemos respirar la atmósfera de este planeta. 

Me subí a mi binave y me elevé sobre aquel paisaje desértico que tanto encogía mi corazón. No tardé en ver las luces de la ciudad… los edificios que se elevaban, construídos de acero, y parecían recordar una fortaleza, una extraña fortaleza donde vivíamos unos cuantos, supuestamente, afortunados.

Nina me esperaba, como siempre, con una sonrisa en su rostro, con un amable “¿Qué tal día has tenido hoy?”… Nina era perfecta, era un remanso de paz en mi tortuoso deambular por la vida. Me acerqué a ella y la besé, la besé con la desesperación que nacía del hecho de saber que yo no podía hacer nada, que mi vida era lo que los demás habían hecho con ella, a su capricho, a su antojo, sin pensar en lo que legaban a generaciones venideras,  y yo no había tenido la oportunidad de cambiar nada… yo no había tenido la oportunidad de conocer aquel planeta que tanto amaba mi abuelo.

marte

Besaba sus labios como si en ellos pudiese estar la esperanza adormecida, y mis manos recorrían su espléndido cuerpo intentando calmar aquella ansiedad que dominaba mi alma atormentada. Me volvían loco tantos sentimientos a los que deseaba dar rienda suelta transformándolos en pasión. Me deslicé dentro de ella buscando la liberación que por un momento me dejase agotado y sin ganas de pensar.

Contemplé a Nina, con una sonrisa perfecta y complacida en su rostro. La verdad es que Nina había sido una buena inversión. De los modelos de androides que existían en el mercado, era de los más costosos… pero también de los más perfectos. En este mundo que nos habían dejado apenas había mujeres, y los más afortunados teníamos la alternativa de poseer una androide perfecta.

Una sonrisa irónica cruzó mi rostro: ¿a dónde iríamos cuándo Marte también fuese historia?.

Mientras hay vida…

Y seguimos con el experimento en el Blogguercedario… este ha sido mi siguiente artículo; la frase que me tocó fué “Mientras hay vida, hay esperanza” y esta frase me inspiró el siguiente relato.

- Mientras hay vida, hay esperanza…

Sara se quedó mirando a su amiga mientras las palabras que ésta había dicho llegaban a su cerebro. Su amiga de la infancia, casi su confidente, pues había cosas que no se sentía capaz de contarle a nadie. Su amiga con su vida perfecta.

- Tengo que irme, que enseguida llegará Roberto a casa y todavía tengo que preparar la cena.

Se despiden con un par de besos y hasta la próxima.

Su paso era apresurado pues no quería llegar tarde a casa… y mientras trajinaba entre los pucheros pensaba en las palabras que su amiga había dicho: “Mientras hay vida, hay esperanza…“. ¿Había esperanza para ella?, o quizá la pregunta que debía hacerse era ¿cuándo había perdido la esperanza?… ¿cuándo había sido la última vez qué había creído que había una salida?…

En ese momento oyó la llave en la cerradura. Roberto llegaba y la cena todavía no estaba lista. Él entró en la cocina y Sará sintió como su corazón comenzaba a latir más rapidamente, nerviosa…

- ¿Aún no está la cena lista? – su voz era baja pero la asustaba de igual manera.

- Ya falta poco

- ¿Ya falta poco?… ¿Qué has estado haciendo? ¿el vago toda la tarde?… y mientras yo trabajando para mantener a una desagradecida como tú.

Lo sintió a sus espaldas y a continuación su mano, tirándole del pelo:

- Estoy harto de ti, zorra presuntuosa. ¿Qué crees? ¿qué no sé que saliste por ahí? – su voz iba aumentando de timbre – ¿con quién has estado? dímelo!!!! – la presión de la mano en su cabello había aumentado hasta un nivel insoportable e intentó liberarse.

- No, por favor… sólo tomé algo con Irene, por favor suéltame, me haces daño… suéltame – ya estaban ahí esas lágrimas que tanto odiaba, ya estaba ahí esa debilidad, ese no poder defenderse pues la fuerza de él era superior… y, al fin y al cabo ¿qué valía ella? ella no valía nada, él se lo había dicho un millón de veces.

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Sintió como las manos de él se cerraban en torno a su cuello mientras seguía gritando que lo tenía harto. Un rodillazo en la barriga la dobló de dolor. Una patada estando ya caída en el suelo le robó un gemido. Intentaba cubrirse con los brazos. Intentaba escapar de aquella pesadilla. Intentó levantarse pero él volvió a agarrarla del pelo antes de que lo consiguiera y arrimó su rostro a la entrepierna de sus pantalones…

- Solo vales para una cosa, zorra callejera!!!

Sara seguía revolviendose… Él estaba como loco, parecía fuera de sí y ahora intentaba bajarle las bragas… Y gritó, gritó cuando sintió lo que él estaba haciendo, gritó de dolor y no supo de donde quitó las fuerzas para darle un rodillazo… Y entonces las manos de él agarraron su cabeza y comenzaron a golpearla repetidamente contra el suelo, mientras, no dejaba de insultarla.

Y poco a poco el dolor comenzó a desaparecer, envuelto por una cortina negra.

Roberto contempló a Sara, inerte, y sintió como poco a poco la furia abandonaba su cuerpo y era sustituida por el agotamiento. Contempló el suelo, bajo la cabeza de ella, lleno de sangre. La agitó, intentó despertarla… pero Sara había escapado a un mundo donde él ya no podía alcanzarla…

Moraleja: La esperanza se la comió el gato…

¿Vale la pena esta vida?

Este es un artículo que he escrito para un experimento en la red… El experimento se llama BLOGGUERCEDARIO, en el cual participamos unos cuantos bloggers, encadenándonos unos a otros con la última frase del artículo. Os invito a que paseis ha echar un vistazo en

http://blogguercedario.wordpress.com

Vale la pena, y merece ser vivida… esta vida o cualquier otra?.

Si me lo preguntan a mi, diría que NO.

Creo que no vale la pena cuando pienso en todos esos niños que se mueren de hambre cada día

Creo que no vale la pena… cuando veo a tanta gente morir en guerras sin sentido.

No vale la pena, cuando no tienes que comer ni un techo sobre tu cabeza…

No vale la pena si eres un pobre animal maltratado y tirado en la carretera…

Tantos y tantos motivos por los que no vale la pena… Y se supone que uno debe sentirse agradecido porque tiene la fortuna de que no le haya tocado vivir estas miserias (de momento…). Pues yo no me siento agradecida, sino que me siento culpable, ¿cómo puede ser que unos tengamos tanto y otros no tengan nada?.

Sinceramente, es como para que a uno le dé vergüenza pertenecer a la raza humana, ésta que está acabando con el planeta y todo lo que en él habita… ésta que está acabando consigo misma, además de con todo lo que la rodea. Acabando con tanta inocencia, con tanta belleza, esa que nos rodea en nuestro día a día y la mayoría de las veces ni tan siquiera nos damos cuenta que está ahí, pues vivimos inmersos en una vorágine de estrés, trabajo, familia, siempre acelerados, queriendo cada vez más, pero más de todo aquello que en realidad significa menos: mejor coche, mejor casa, la última TV de moda, el modelito de Armani,… Y siempre sintiéndonos igual de vacíos, pues todas esas cosas materiales no llenan el agujero que se agranda en nuestro corazón por no darle alimento… ese tipo de alimento que significa sacrificio, generosidad, amor…

Es bien cierto que hay mucha gente que ha dedicado su vida a los demás, entregándose en cuerpo y alma a los más desfavorecidos… pero ¿cuántos lo han hecho y cuántos no lo hemos hecho?: la proporción es risible.

Y lo peor de todo es esa impresión de no poder cambiar nada… de que por mucho que hagas, por mucho que des, la vida seguirá igual, el ser humano seguirá igual, no aprendiendo de sus errores, sino que cometiendo cada día más.

El ser humano es el cáncer del planeta Tierra: un cáncer terminal.