Hay una frase que dice que todo depende del color del cristal con que se mira, y desde luego, es cierta como también es cierta aquella de que la belleza está en los ojos del que mira. Sea como sea, la belleza me rodea, muchas veces de la forma más insospechada, y por ello aprovecho cualquier ocasión para perpetuar con mi objetivo aquello que ha llamado mi atención.

A veces es tal cual, otras es producto de la experimentación, de intentar ver más allá y abarcar más posibilidades de las que parecen existir. El caso es que mi mirada va examinando aquello que me rodea, analizando sus posibilidades, en ocasiones fragmentando las partes que conforman un todo y maravillándome ante las posibilidades del más simple de los objetos.

Y es que muchas veces vemos sin ver en realidad… sin percibir lo que se nos pone a nuestro alcance…
La que está encima de estas palabras soy yo… experimentando con mi cámara. En ningún momento la fotografía ha sido retocada digitalmente por ordenador. Me gusta esta fotografía… me parece un retrato original de mi persona. Era el momento, era el lugar… y mi cámara estaba a mano.

Y la realidad tal cual… sin modificar. Unas aparentemente simples gotas de lluvia en el parabrisas del coche. Te pueden maravillar. Te puede hipnotizar su belleza. Te puede inspirar.

Y es que la belleza siempre está ahí. Puede ser evidente como la de esta flor que me encontré en mi paseo y a la que dediqué unos minutos perfectos.

O puede ser un objeto, como esta vieja fuente, el que de repente llama tu atención sugiriendote posibilidades en su fragmentación… o quizá en su apariencia.
Y es que así es mi vida… siempre intentando ver más allá y encontrando placer en el más pequeño de los detalles.