Hace tiempo tenía yo una buena amiga la cual se aburría en su matrimonio y cayó en las zarpas de la infidelidad.
Desde mi punto de vista, no todos estamos preparados para ser infieles y mucho menos las mujeres, pues hay cierta tendencia a confundir lo que se siente.
Llegué a alucinar con lo que ella me decía o me contaba. Primero, su amante era el marido de una de sus amigas. Segundo, solían quedar los cuatro (mi amiga, su marido, su amante y su amiga) hasta el punto de celebrar Fin de Año los cuatro juntitos en amor y compañía.
Ni de coña juntaría yo a un posible marido y a un posible amante en la misma habitación… bueno… yo es que ya ni traicionaría a una amiga acostándome con su pareja. De hecho, se lo decía.
El caso es que me presentó a su amante, y poco a poco, comenzamos a convertirnos en inseparables los tres.
Yo los miraba avanzar en su relación y hacer malabarismo con sus matrimonios. A mi amiga la veía muy confundida con sus sentimientos. A su amante, y ya por aquel entonces, también mi amigo, lo miraba más decidido.
El caso es que, como suele suceder en toda infidelidad que se alargue demasiado en el tiempo, todo cayó por su propio peso. Mi amiga se vió embarcada en un divorcio que no deseaba. Mi amigo (su amante) se sintió decepcionado por la reacción de mi amiga y comenzó a desahogar conmigo su frustración…
Y no sé exactamente en qué momento me encontré siendo el centro de otro problema. De pronto, mi amigo (el amante de mi amiga), comenzó a tirarme los tejos. Al principio una piensa que tan solo son coñas, hasta que te lo dicen tan claro que no te quedan dudas.
¡¡Menudo lío!! pues por aquel entonces, los consideraba a los dos buenos amigos. Primero hablé claro con él, le dije que estaba confundido… que no estaba enamorado de mi (tal y como me estaba confesando), sino que estaba en un momento vulnerable (él) y eso lo llevaba a malinterpretar sus sentimientos.
Yo no paraba de romperme la cabeza pensando en si se lo decía a mi amiga o no, pues realmente consideraba que lo de él había sido un lapsus… Si yo decía algo, quizá su oportunidad de estar juntos se estropease y eso era lo último que yo deseaba, pues me gustaba verlos juntos.
Peeeero, todo llegó a un punto en que no me quedó más remedio que decírselo a mi amiga. Os podeis imaginar la escenita que me montó mi amiga. Y también os podeis imaginar la escenita que me montó mi amigo.
Al final, mi amiga me pidió perdón… me dijo que no quería perderme como amiga pues, después de lo sucedido, le había quedado claro que podía confiar en mi. Evidentemente, la relación entre mi amiga y mi amigo quedó rota, al igual que mi amistad con él.
El tiempo pasó, más concretamente un año. Y mi amiga echaba de menos a su ex-amante y ex-amigo mío. Se puso en contacto con él y él no le hizo caso. Entonces mi amiga me pidió que fuese yo la que hablase con él para conseguir que le diese otra oportunidad a ella. Y ya me veis llamándole, porque uno hace cosas por los amigos que en cambio no haría por si mismo. El resultado de la llamada: nefasto. Lo que él me dijo es que a mi amiga la tenía totalmente olvidada y que de quien no podía olvidarse era de mi, que después de todo ese año yo ya no podía decirle que estaba confundiendo sus sentimientos.
Así que mi amiga se quedó sin marido, sin amante… y sin amiga, pues yo ya no sabía como decirle la verdad: que no tenía posibilidades de volver con su ex-amante porque éste estaba empeñado en que estaba enamorado de mi.
La amistad (la mía con ella y con su amante) al garete. Dos matrimonios con hijos, por la borda; su historia de amor quedó en borrador… ¿no es desastrosa la infidelidad?