Estoy deseando hacer el amor con él (II)

La frase que me tocó en esta ronda del Blogguercedario: “Que poco dura la felicidad”…

Que poco dura la felicidad…” pensé, mientras contemplaba a aquel tipo tan guapo, tendido desnudo a mi lado.

Habíamos quedado tras una llamada por mi parte, consultando sobre sus servicios…

Recuerdo la sorpresa cuando lo vi en la cafetería…  No esperaba que fuese tan tremendamente atractivo… De hecho yo iba convencida de que aquella especie de cita iba a ser un fracaso, y no me esperaba que sucediese precisamente lo contrario. Él había llevado la conversación de tal manera que me hizo sentir totalmente cómoda a su lado… flipada y cómoda. Y dándole vueltas a la cabeza, claro. Yo lo miraba, lo requetemiraba, observaba sus ojos, sus labios, su sonrisa, como gesticulaba con sus manos, y no podía más que sentirme atraída.

Y entonces soltó la pregunta:

-Bueno, llevamos aquí unas tres horas charlando, ¿qué hacemos? -me miraba fijamente, esperando mi respuesta. Pero ¿qué demonios iba a responder yo?… jolines… ¿es qué no podía ponérmelo él un poquito más fácil?.

Justo en ese momento sentí que me estaba poniendo colorada. Oh, Dios, y si lo piensas, que te estás poniendo colorada, pues aún te pones más… lo cual redunda en una vergüenza todavía mayor. ¡¡Porras!! ¿por qué no podía ser yo una mujer de mundo?.

-Eh?… no respondes… ¿te ha comido la lengua el gatito? -la sonrisa en su cara era maliciosa… ¡¡claro!! estaría todo lleno de razón porque yo estaba colorada!!…

-Pues no sé que podemos hacer… -y esa era mi perdida voz que parecía haber encontrado el camino de retorno a mi garganta.

-¿Nos vamos al motel? -lo soltó así, tan de golpe que me atraganté con mi propia saliva. ¿Al motel? ¿directamente? ¿sin más?… joer!!!. Bueno, claro, era un prostituto… ¿qué pretendía yo? ¿qué me cortejase antes de hacer el intercambio comercial?. Venga, chica, échale cataplines.

-Vale -genial!! la voz no me había fallado, aunque seguro que lo que me iban a fallar eran las piernas cuando me levantase de la silla para marchar.

-¿En mi coche o en el tuyo?

* * *

La puerta del garaje del motel se estaba cerrando tras el coche. ¡¡Ay, Dios!!. Subimos las escaleras y entramos en la habitación, bastante normalita, que había que ahorrar en la transacción.

Él me sirvió una copa de champán y se encargó del hilo musical… y de la luz, que se podía graduar en intensidad. El chico, muy sabio y versado en el tema, enseguida creo un ambiente propicio para el tema en cuestión.

Se acercaba hacia mi, y ni me dí cuenta de que yo estaba retrocediendo hasta que mi espalda dió contra la pared, lo cual me sobresaltó.

-Relájate, no estés nerviosa -su voz era casi un susurro, mientras su mano me acariciaba el pelo- mírame.

Caray!! pues sí que saben mirar los gigolós… Un dedo suyo estaba rozando ahora mis labios, con mucha suavidad. Me resultaba imposible mantener su mirada, y, sin querer, bajé la vista a sus labios, lo cual él debió interpretar como una invitación a que me besara. Bueno, a lo mejor es que los gigolós saben algo de psicología femenina o del lenguaje del cuerpo, yo que sé. El caso es que me besó.

Este chico era una caja de sorpresas. Su beso era tan dulce como si en realidad fuésemos una pareja de enamorados… ¿o sería que yo no le ponía lo suficiente como para que me besase con pasión?. Estaba succionando mis labios, mordisqueándolos… y entonces sentí su lengua en mi boca y apretó el acelerador.

Sentí su “cuerpo duro” apretado contra el mío, y de repente fuí consciente de que todavía sujetaba la copa de champán en mi mano… aunque también fuí consciente de otra cosa… una que se movía serpenteante bajo mi camisa: su mano. Esa mano hacía que sintiese un vacío en el estómago, tan ligera era su caricia, hacía que sintiese débiles las piernas y un escalofrío me recorrió todo el cuerpo.

De repente, debió parecerle que había demasiada ropa por medio, que comenzó a desabrocharme la camisa, aunque sus labios seguían ahora por mi cuello, enviando regueros de placer. Y por arte de magia mis manos (dejé caer la dichosa copa de champán) se pusieron en acción comenzando también a desabrochar su camisa.

Oh, Dios existe, y es misericordioso!!… Aquel vello que él tenía en el pecho me parecía el mayor de los afrodisíacos… ¡¡Vírgen Santa!! pero que placer tocarlo, que placer sentirlo, me daban ganas de frotar mi cara contra él, al igual que un gatito contra el pantalón de su dueño… Hablando de pantalones, me di cuenta de que mi mano reposaba en la cinturilla del suyo. No podía respirar…

-Espera, espera, para -y milagrosamente se detuvo.

-¿Qué ocurre? -sus ojos estaban nublados por el deseo, y su voz alterada a causa de la respiración entrecortada. Apoyó una mano en la pared a mi espalda y con la otra recorría mi barbilla, mirándome. Esa mano bajó por mi cuello, al igual que su mirada, siguiendo el camino que mi camisa ya desabrochada dejaba al descubierto.

Y esta vez fuí yo la que le agarré la cabeza a él para besarlo. Caray!! no podía tenerse un pastel así al alcance de una y no devorarlo. A la porra la vergüenza, los prejuicios, la moralidad… Probablemente no volvería a verlo nunca más, así que mejor nada de hablar y ponerse a la acción.

La ropa se la quité al igual que si estuviese quitando el papel de un regalo… y yo no era paciente haciendo tal cosa… o sea que, la ropa voló por los aires y me quedé contemplando su desnudez… Bueno, no es que me quedase mucho contemplando, no iba a poner el modo pausa en ese momento de la película… Pues entre mis manos tenía el pene más precioso que había visto en mi vida.

Estoy deseando hacer el amor…

BLOGUERCEDARIO: Mi turno… la frase que me tocó fue “Hasta que el destino nos alcance“.

Hasta que el destino nos alcance, lo que nos queda es disfrutar, y yo llevaba muuuuuchos años sin “disfrutar”… pero muchos, muchos, a pan y agua. Así que en un arranque de locura decidí contratar a un prostituto.

Me pillé el periódico y me fuí a la sección de contactos. Me quedé sorprendida de la cantidad de ellos que venían, así que hice una lista y decidí llamar al primero de ellos.

-Diga?

-Hola -¿qué demonios digo ahora?, pensé, y me quedé en silencio.

-Quién es?

-Yo llamaba por el anuncio del periódico, deseaba saber como funciona el tema…

-¿Cómo funciona el tema?, ¿Qué tema?

-Pues como hay que hacer para contratar tus servicios, cuanto cobras por ellos, y como se haría en caso de hacerse… o sea, dónde quedaríamos? por ejemplo… y claro, me imagino que simplemente por quedar no habrá que pagar, porque siempre está la posibilidad de que no me gustes y al final decida no usar tus servicios. Por otra parte, y antes de nada, deseaba saber un par de cosas, ¿cuánto mides? y ¿tienes pelo en el pecho?… -dos detalles muy importantes que debía cumplir el prostituto, soy alta y no queria encontrarme con uno bajito, por otra parte, y ya que pagaba por el capricho, quería asegurarme de que el lote llevaba aquello que más me ponía.

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-¿Pelo en el pecho? no, no tengo, estoy depilado, y mido 1′75cm. El precio serían 60€ por tres horas y normalmente quedo directamente en el motel.

-¿En el motel?… bueno, el caso es que no tienes pelo en el pecho, y eso es vital. Gracias por tu atención. Hasta luego.

Bueno, el primero de la lista tachado. Vamos a por el segundo…

-¿Hola?

-Hola -esta vez parecía que ya me costaba menos arrancar la conversación- llamaba por el anuncio del periódico, deseaba saber tu estatura, si tienes pelo en el pecho, cuanto cobras y como quedaríamos -ale!! lo solté todo de carrerilla…

-Bueno, para quedar tiene que ser entre semana, ya que no me dedico a esto todo el tiempo, mido 1′80cm. y ¿por qué preguntas lo de los pelos en el pecho? -su voz sonaba divertida.

-Es que es un requisito indispensable, busco alguien con pelos en el pecho…

-Ah!! bueno, yo tengo, aunque no demasiados…

-Me podrías describir exactamente como los tienes? -o sea, yo quería saber si eran cuatro jugando al tute, o teníamos un sendero que nos guiaba hasta el tesoro.

-Pues son algo rizados y de color negro, pues soy moreno -un punto a su favor, que fuese moreno.

-No me refiero a eso, me refiero a como están repartidos por el pecho…

-Ah!! van de pezón a pezón y me bajan algunos por el abdomen -y le dió la risa- mira, si quieres quedamos, sin compromiso alguno, nos tomamos un café, charlamos un poco y vas decidiendo sobre la marcha.

-Bueno, queda un detalle importante, ¿cuánto me cobrarías si decido contratarte? ¿y por cuánto tiempo?

-Me conformo con que paguemos el motel a medias y me tendrías para ti el tiempo que quisieras.

-¿No cobras? ¿haces esto por amor al arte? -yo estaba flipando y pensando que el tío no debía estar muy bien físicamente cuando regalaba sus servicios.

-La verdad es que sí cobro, pero nunca me habían hecho una llamada tan graciosa como la tuya y me apetece conocerte -precisamente en ese momento, me dí cuenta de lo sensual que sonaba su voz.

-Bueno, es que es la primera vez que hago esto, y claro, quiero asegurarme bien de todo antes de quedar…

Y quedé… Me decía a mi misma que estaba loca, y al mismo tiempo me tranquilizaba diciéndome que siempre podia echarme atrás. Habíamos quedado en una cafetería escogida por mi, evidentemente una a la que yo nunca solía ir, y (que tópico) él había quedado en tener una flor en la mano. Por eso cuando mi mirada se fijó en la flor, me quedé perpleja. Ese chico no era para nada lo que yo esperaba. Me acerqué y él se puso en pie, sonriendo. Era alto, no había mentido. Era moreno, tampoco había mentido. Tenía unos ojos azules que parecían el reflejo del mismísimo cielo… Y sus labios, vaya… eran perfectos!!… Creo que mi rostro era un reflejo total de mi asombro. ¿¿¿¿¿¿Y ese chico no me iba a cobrar???????? joer!!!!… Estoy deseando hacer el amor con él.