Mañana es domingo

Mañana es domingo. Y yo dedicaré su mañana, como todos los domingos desde hace once meses, al refugio de perros abandonados.

Ellos estarán allí, esperándome, felices de verme. Y yo volveré a sentirme triste mirándolos por el espejo retrovisor de mi coche, cuando me alejé de allí tras dedicarles ese tiempo que atesoro hasta el momento de volverlos a ver.

Son unos 150 perros que han sido maltratados y abandonados tal cual juguetes de los que se puede prescindir sin más. 150 perros de los que conozco sus caras, sus distintas formas de ser, y que me estrujan el corazón con su triste experiencia de la vida. Son sólo 150 perros de los muchísimos que hay en el mundo pasando por la misma situación.

En el mundo existen demasiados males creados por el propio ser humano. Mi causa particular siempre han sido los animales, y en particular los perros. Desde que nací, nunca faltó un perro a mi lado.y para mi son uno más de la familia. Siento un rechazo absoluto hacia aquellas personas que los abandonan o los maltratan y estoy convencida de que el mundo sería un lugar mejor si nosotros, los seres humanos, aprendiésemos más de los animales en general y de los perros en particular. El perro es un animal generoso y fiel capaz de dar su vida por ti. Es feliz si tú eres feliz y se siente triste si nota que tú estás triste. Por experiencia, un perro puede presentir cuando algo grave está a punto de suceder e incluso llegar a salvarte la vida avisándote de peligros.

Mientras escribo, mis dos perros, Tony y Nube, están aquí a mi lado. Nube por suerte no sabe de las miserias de la vida, sin embargo ese no es el caso de Tony. A Tony lo adopté el primer día que fui al refugio tras leer su historia en internet. A Tony le faltan todos sus dientes inferiores y tiene los superiores desgastados hasta la encía, según el veterinario, de roer piedras a causa del hambre. Tony tiene cicatrices en su cuerpo que hablan de la mala vida que pasó. Tony sufría muchas pesadillas que poco a poco van desapareciendo con su nueva vida. Tony era uno de los viejecitos del refugio que ahora ha rejuvenecido hasta el punto de sentirse el propietario de la avenida en la que vivimos.

Mañana volveré al refugio, como cada domingo, a dejar un trocito de mi corazón en cada uno de esos perros que no puedo adoptar pero que siento como míos. Mañana lloverá, con lo cual me pondrán de barro hasta la cabeza cuando salten sobre mi al verme… y yo me sentiré feliz por poder estar allí, cubierta de barro, y rodeada de tanta alegría por verme.

Mientras hay vida…

Y seguimos con el experimento en el Blogguercedario… este ha sido mi siguiente artículo; la frase que me tocó fué “Mientras hay vida, hay esperanza” y esta frase me inspiró el siguiente relato.

- Mientras hay vida, hay esperanza…

Sara se quedó mirando a su amiga mientras las palabras que ésta había dicho llegaban a su cerebro. Su amiga de la infancia, casi su confidente, pues había cosas que no se sentía capaz de contarle a nadie. Su amiga con su vida perfecta.

- Tengo que irme, que enseguida llegará Roberto a casa y todavía tengo que preparar la cena.

Se despiden con un par de besos y hasta la próxima.

Su paso era apresurado pues no quería llegar tarde a casa… y mientras trajinaba entre los pucheros pensaba en las palabras que su amiga había dicho: “Mientras hay vida, hay esperanza…“. ¿Había esperanza para ella?, o quizá la pregunta que debía hacerse era ¿cuándo había perdido la esperanza?… ¿cuándo había sido la última vez qué había creído que había una salida?…

En ese momento oyó la llave en la cerradura. Roberto llegaba y la cena todavía no estaba lista. Él entró en la cocina y Sará sintió como su corazón comenzaba a latir más rapidamente, nerviosa…

- ¿Aún no está la cena lista? – su voz era baja pero la asustaba de igual manera.

- Ya falta poco

- ¿Ya falta poco?… ¿Qué has estado haciendo? ¿el vago toda la tarde?… y mientras yo trabajando para mantener a una desagradecida como tú.

Lo sintió a sus espaldas y a continuación su mano, tirándole del pelo:

- Estoy harto de ti, zorra presuntuosa. ¿Qué crees? ¿qué no sé que saliste por ahí? – su voz iba aumentando de timbre – ¿con quién has estado? dímelo!!!! – la presión de la mano en su cabello había aumentado hasta un nivel insoportable e intentó liberarse.

- No, por favor… sólo tomé algo con Irene, por favor suéltame, me haces daño… suéltame – ya estaban ahí esas lágrimas que tanto odiaba, ya estaba ahí esa debilidad, ese no poder defenderse pues la fuerza de él era superior… y, al fin y al cabo ¿qué valía ella? ella no valía nada, él se lo había dicho un millón de veces.

x8

Sintió como las manos de él se cerraban en torno a su cuello mientras seguía gritando que lo tenía harto. Un rodillazo en la barriga la dobló de dolor. Una patada estando ya caída en el suelo le robó un gemido. Intentaba cubrirse con los brazos. Intentaba escapar de aquella pesadilla. Intentó levantarse pero él volvió a agarrarla del pelo antes de que lo consiguiera y arrimó su rostro a la entrepierna de sus pantalones…

- Solo vales para una cosa, zorra callejera!!!

Sara seguía revolviendose… Él estaba como loco, parecía fuera de sí y ahora intentaba bajarle las bragas… Y gritó, gritó cuando sintió lo que él estaba haciendo, gritó de dolor y no supo de donde quitó las fuerzas para darle un rodillazo… Y entonces las manos de él agarraron su cabeza y comenzaron a golpearla repetidamente contra el suelo, mientras, no dejaba de insultarla.

Y poco a poco el dolor comenzó a desaparecer, envuelto por una cortina negra.

Roberto contempló a Sara, inerte, y sintió como poco a poco la furia abandonaba su cuerpo y era sustituida por el agotamiento. Contempló el suelo, bajo la cabeza de ella, lleno de sangre. La agitó, intentó despertarla… pero Sara había escapado a un mundo donde él ya no podía alcanzarla…

Moraleja: La esperanza se la comió el gato…

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